This is what movement looks like: Reframing fitness for real life

Redefiniendo el movimiento: una nueva forma de entender el ejercicio

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El ritmo actual puede resultar abrumador. Protocolos de bienestar interminables, rutinas de mañana que duran… horas. Cocinar todo casero, perseguir tu pasión, trabajar bien, darlo todo, estar presente con tus hijos y con tu pareja, cuidar del planeta, quedar con amigos, acordarte de respirar entre tanto lío, defender lo que te importa… ah, y encima entrenar cuatro veces por semana.

Está claro que moverse sienta bien, sobre todo para llevar mejor el estrés de intentar llegar a todo. Pero entre la ola del wellness y el fitness perfecto de las redes, la cosa empieza a parecer un poco… irreal. A algunos les motiva. A otros les queda lejísimos.

Porque la vida real no viene con buena luz, un gimnasio en casa, ni una hora libre para entrenar. Y cuando vamos a mil, conviene preguntarse: ¿hay otra forma de entender el movimiento en el día a día?

El movimiento es parte de nuestra naturaleza

Cuando todo se vuelve abrumador, a veces lo más poderoso que podemos hacer es tomar una pausa y simplificar. Y desde una perspectiva evolutiva, nuestro cuerpo fue diseñado para moverse.

Nuestros antepasados recorrían kilómetros cada día para recolectar, buscar alimento y cazar. Se agachaban para cocinar, cargaban a sus hijos y la leña, trepaban, cavaban, levantaban, construían. El movimiento no era ejercicio: era supervivencia. Y así como se movían con un propósito, también descansaban con propósito, reservando la energía cuando era necesario, en sintonía con los ritmos naturales de su entorno. La investigación de Dan Buettner sobre las Blue Zones, las comunidades más longevas del mundo, revela que este tipo de movimiento funcional, integrado a lo largo del día, es uno de los principales pilares de la salud y la longevidad.

Hoy, en cambio, vivimos en un mundo que nos invita y en ocasiones nos obliga a permanecer quietos. Coches, trenes, escritorios, sofás demasiado cómodos…nunca ha sido tan fácil llevar una vida sedentaria. De hecho, estudios recientes señalan que los adultos en Reino Unido pasan, de media, más de 9 horas al día sentados; muy lejos de aquello para lo que fuimos diseñados.

La paradoja es evidente: diseñamos gimnasios enteros y clases de fitness para recrear lo que antes era, simplemente, vida. Y aunque no hay nada de malo en una buena clase (Hyrox, yoga, pilates, entrenamiento de fuerza: nos encantan todas), conviene recordar algo esencial: el movimiento no es sólo cómo nos ejercitamos, es cómo vivimos.

Por qué el movimiento importa (en cualquier dosis)

El movimiento regular favorece prácticamente todos los sistemas del cuerpo:

  • La salud cardiovascular (aún hoy, la principal causa de muerte en mujeres en todo el mundo)

  • El flujo linfático, clave para los procesos de depuración

  • La salud muscular y ósea, esenciales para el metabolismo y para envejecer con fuerza

  • La salud mental, la regulación del estado de ánimo y un mejor descanso, algo crucial cuando la vida va a mil 

  • Una mayor resiliencia inmunológica y mejor función cognitiva

Incluso periodos breves de movimiento, como caminar cinco minutos después de comer, pueden mejorar los niveles de glucosa en sangre y reducir el riesgo cardiovascular. Otro estudio concluyó que caminar a paso ligero apenas 11 minutos al día puede reducir el riesgo de muerte prematura hasta en un 25%.

¿Lo mejor de todo? El movimiento no tiene que verse de una forma concreta. Solo tiene que ocurrir, de forma regular, imperfecta, en la vida real. Imagínalo: moño despeinado, sin maquillaje, bailando mientras hierve la pasta, persiguiendo a los niños por el jardín, balanceándote en el escritorio de pie, atendiendo una llamada mientras caminas, subiendo las pulsaciones mientras ordenas la casa con auriculares y una buena playlist. Nada glamuroso. Nada instagrameable. Pero funciona, sienta bien y produce una alegría silenciosa.

Si el movimiento depende de condiciones perfectas (tiempo, energía, alguien que cuide a los niños, un día soleado), se vuelve más difícil incorporarlo con la frecuencia que nos gustaría. Lo que sí ayuda es reducir la barrera entre tú y mover el cuerpo, para que sea más fácil decir que sí, más a menudo, de formas que encajen en tu vida.

Tu estudio está donde tú estés. Todo es movimiento. Y todo cuenta.

Define el fitness a tu manera 

Seamos claros, no hay nada como esa sensación después de un entrenamiento exigente, y el ejercicio estructurado tiene, sin duda, su lugar. Los datos son contundentes. Una mayor intensidad y frecuencia suelen traducirse en mejores resultados: corazones más fuertes, mejores marcadores metabólicos, mayor capacidad cognitiva y más longevidad. En el caso de las mujeres, además, ganar fuerza es clave para la densidad ósea, la salud hormonal y la resiliencia durante la perimenopausia y los años que vienen después.

Pero la pieza que falta es el contexto, y tu propio ritmo.

Forzar la máquina no siempre es la opción más valiente. Si te arrastras agotada a otro entrenamiento solo por culpa o por presión, quizá sea momento de pararse a pensar: ¿esto me suma, o me vacía?

Hay una diferencia enorme entre el movimiento que nutre y el movimiento que agota. El fitness no debería ser otro palo con el que castigarse. Debería ser una herramienta que sostenga tu vida, no que te la quite. La magia está en aparecer una y otra vez, de la forma que mejor encaje contigo.

Redefiniendo el concepto de estar en forma: a tu manera

Así que no, no se trata de bajar el listón. Se trata de ampliar la definición de lo que son el ejercicio, el estar en forma y el movimiento. Lo que importa es que te ayude a cuidar tu cuerpo y tu vida, te aclare la mente y te haga sentir que es una celebración de lo que eres capaz de hacer, no una obligación más.

Así es el movimiento: imperfecto, intuitivo y totalmente tuyo.

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