The season of transition

La estación de la transición

7 MINUTOS DE LECTURA

En este artículo:

Hay algo en esta época del año que puede sentirse como un latigazo.

El verano es una estación de plenitud. Tardes largas, planes que se van enlazando unos con otros, más tiempo al aire libre y esa sensación tan agradable de que todavía queda día por delante, incluso cuando se hace tarde. Vivimos de forma más expansiva, con festivales, quedadas, comidas que se alargan y planes de última hora que, sin darnos cuenta, se convierten en noches enteras. Salimos hasta más tarde, decimos que sí a planes espontáneos y dejamos que nuestras rutinas habituales se relajen un poco.

Entonces llega septiembre y, casi de la noche a la mañana, el ritmo cambia. Aunque sintamos que estamos listas para un cambio, decir adiós al verano puede doler un poco.

Quizá sea un recuerdo que viene de la infancia. De pequeñas, septiembre llegaba con la tristeza de que se acababan las vacaciones mezclada con la ilusión de un nuevo curso (¡y un estuche nuevo!). Así que, aunque esos días queden ya muy lejos, la estación puede seguir cargando con ese tipo de memoria emocional. La luz particular de las mañanas, el olor del aire o la vuelta a las rutinas conocidas pueden llevarnos, por un momento, a esos otoños de antes y a esa sensación tan concreta de que un capítulo se cierra mientras otro empieza.

Para algunos, esto puede aparecer como melancolía, nostalgia o incluso una sensación de duelo. Para otros, volver a la estructura puede sentirse como un alivio después de la intensidad del verano. Hay algo reconfortante en tener un poco más de ritmo en los días, y en dejar que esa energía tan expansiva del verano se asiente.

Tal vez por eso septiembre es un umbral tan interesante. Todavía nos aferramos a lo último del verano mientras el otoño ya empieza a hacerse notar. La estación cambia, estemos listas o no, y quizá eso sea parte de lo que lo hace tan conmovedor. Notamos el paso del tiempo de una forma en que la naturaleza no parece hacerlo. Recordamos veranos pasados, sentimos la tristeza de que algo termina y, sin darnos cuenta, ya estamos imaginando lo que viene después.

Quizá esto sea, en parte, lo que nos recuerdan las estaciones al cambiar, que somos humanos. Siempre estamos atravesando algún cambio, llevando recuerdos con nosotras mientras hacemos espacio para lo que viene. No hay forma de retener el verano para siempre, igual que tampoco hace falta correr hacia el otoño. Simplemente podemos vivir ese extraño y bonito espacio intermedio entre los dos.

Nota el cambio

Para que el cambio de estación se sienta un poco menos brusco, puede ayudar practicar el arte de observar.

Sal al aire libre. Detente. Mira hacia arriba, hacia abajo y a tu alrededor. Con el tiempo, empezarás a notar cómo la transición ocurre poco a poco. El cambio en la luz, los colores del paisaje, esa sensación de aire más fresco. Los tonos más profundos del otoño empiezan a asomar, mientras los setos todavía ofrecen los últimos frutos de la abundancia del verano.

Tómate también un momento para mirar hacia dentro. Fíjate en cómo responde tu propio cuerpo al cambio de estación. La luz es una de las señales ambientales más potentes para regular nuestro ritmo circadiano, nuestro reloj biológico interno. La luz de la mañana ayuda a indicar que es hora de despertar y estar alerta, mientras que la luz que se apaga por la tarde ayuda al cuerpo a prepararse para dormir. A medida que avanza septiembre, con amaneceres más tardíos y atardeceres más tempranos, ese ritmo empieza a cambiar.

Quizá notes que te apetece acostarte antes, que te apetecen menos los planes hasta tarde, o simplemente que te atrae más la calma a medida que se va la luz. Después de meses de tardes largas de verano, es natural que nuestro propio ritmo también empiece a cambiar.

Esto no significa que septiembre nos esté pidiendo que paremos o bajemos el ritmo antes de estar listos. Es más bien una invitación a prestar atención, y a dejar que nuestro propio ritmo cambie junto con la estación.

La naturaleza como maestra

Si en esta época del año te sientes un poco inquieto, hay algo reconfortante en mirar al mundo natural y ver cómo responde al cambio.

Septiembre es un mes de recolección y movimiento. Algunas aves se preparan para marcharse a zonas más cálidas donde pasar el invierno, mientras otras empiezan su viaje hacia aquí. Los setos se llenan de moras, saúco, espino, escaramujos y endrinas, que sirven de alimento a aves y mamíferos mientras se preparan para los meses que vienen. Los arrendajos recolectan y entierran bellotas, creando reservas para un futuro que no pueden ver.

La naturaleza no se detiene de golpe cuando termina el verano. Hay un periodo de recolección, preparación y adaptación antes de que lleguen los meses más tranquilos. El paisaje está cambiando, pero sigue lleno de vida.

Quizá podamos tomar prestada un poco de esa sabiduría. En lugar de ver el otoño como un momento en el que hay que bajar el ritmo o soltar de golpe, quizá pueda ser un momento para reunir lo que necesitamos para la temporada que viene.

¿Qué quieres llevarte contigo del verano? ¿Para qué te gustaría hacer más espacio? ¿Y hay algo que ya haya cumplido su momento y no necesite seguir acompañándote?

No hace falta tener todas las respuestas ahora. Septiembre es un umbral, y a veces un umbral es simplemente un lugar donde detenerse un momento y darte cuenta de dónde estás.

Tus rituales de septiembre 

Lo que más me gusta de los rituales de estación es que no hace falta que sean complicados o elaborados para tener sentido. 

Empieza con la luz

Incluso en una mañana más fría, salir con tu primera taza del día o dar un paseo corto le da a tu cuerpo la oportunidad de recibir luz natural a primera hora.

Y quizá este sea el mes para crear tu propio ritual nocturno, algo sencillo. Enciende una vela, date un baño caliente, lee unas páginas de un libro o simplemente siéntate en algún lugar tranquilo un rato. Súmale una taza reconfortante de Dulces Sueños y deja que ese momento se convierta en algo que esperas con ganas, no en otra tarea más que tachar de la lista.

Muévete al ritmo de la estación

No hace falta que dejes el movimiento que disfrutas, pero septiembre puede ser un buen momento para prestar un poco más de atención a lo que tu cuerpo te pide.

Algunos días, un paseo largo por un paisaje que empieza a cambiar puede apetecerte más que un entrenamiento intenso. Otros, quizá sientas ganas de retomar una rutina de fuerza que se quedó en el camino durante el verano. No existe una rutina de otoño perfecta. Se trata simplemente de hacer un poco más de espacio para darte cuenta de qué te sienta bien ahora.

Haz un poco de espacio

También hay algo muy satisfactorio en una pequeña limpieza de temporada. No de esas que necesitan un fin de semana entero y varios viajes a la tienda solidaria, sino elegir un solo rincón que lleva tiempo pidiendo tu atención. La mesita de noche, el armario de la cocina, el bolso de trabajo o ese rincón del escritorio. A veces, hacer un poco de espacio físico nos ayuda a sentirnos listos para un cambio que también está pasando por dentro.

Recupera el calor

Con el descenso de las temperaturas, los platos calientes y los ingredientes de temporada empiezan a apetecer de forma natural. Sopas, verduras asadas, guisos de cocción lenta y especias con ese toque cálido traen un tipo de confort distinto tras las comidas más ligeras y los días largos del verano.

Una taza de Cacao + Collagen por la mañana puede ser otra forma bonita de dar la bienvenida al cambio, sobre todo en esas mañanas más frías en las que apetece algo calentito que sujetar con las manos al empezar el día.

Y quizá, antes de lanzarte de lleno a todo lo que trae septiembre, merece la pena dedicar un momento a mirar atrás, al verano que se ha ido. ¿Qué aprendizajes te ha dejado? ¿Qué recuerdos quieres conservar? ¿Qué quieres llevarte contigo?

Incluso puedes tomarte cinco minutos de calma (bajo tu árbol otoñal favorito, con tu jersey de punto más cómodo) y escribir aquello por lo que estás agradecido, lo que ya estás listo para dejar atrás y aquello para lo que quieres hacer espacio a continuación.

Las estaciones nos recuerdan que el cambio no siempre necesita organizarse o gestionarse. La luz cambia, los árboles cambian, las aves se adaptan y, al final, nosotros también.

Así que, mientras el verano se va suavizando hacia el otoño, quizá no haya nada que forzar ni nada a lo que aferrarse con demasiada fuerza. Simplemente podemos prestar atención a lo que va cambiando, reunir lo que necesitamos y hacer un poco de espacio para lo que viene.

Sabiduría ancestral en cada estación: abrazando los ciclos de la naturaleza
1/100

    Carrito de compra

    Tu cesta de la compra está vacía

    Seguir comprando